La persona con EM sufre, por acción de la propia enfermedad, un cambio en su forma de relacionarse con el medio, y experimenta sensaciones que antes eran totalmente desconocidas y que muchas veces no sabe si atribuir a la enfermedad o no. Por otro lado, de repente surgen muchas dudas sobre cuestiones que antes nunca le habían preocupado: ¿puedo operarme?, ¿puedo hacer deporte?, ¿puedo comer lo que quiera?, etc.
– ¿Influye el calor?
El calor no empeora la EM a largo plazo, pero a corto plazo la elevación de la temperatura corporal por aumento de la temperatura ambiental, por fiebre o por haber realizado ejercicio físico, aumenta la fatiga y otros síntomas de la enfermedad en muchas personas.
– ¿Cómo puede evitarse el aumento de la temperatura corporal?
- En verano procurar estar a la sombra. No pasar las horas de máximo calor en el exterior sino en casa con aire acondicionado frío, o en centros comerciales, teatros, cines u otros lugares públicos con aire acondicionado.
- Bañarse en agua fría, refrescarse con paños húmedos el cuello y las axilas, beber bebidas frías y chupar trocitos de hielo o helados.
- Tratar la fiebre en cuanto aparezca.
– ¿Por qué estoy tan cansado, si no he hecho nada?
La debilidad y la fatiga acompañan con frecuencia a la EM. Llamamos fatiga a una sensación anormal de cansancio, desproporcionada al esfuerzo realizado. El aumento de la temperatura corporal, el estrés, el exceso de trabajo y las infecciones pueden agravar temporalmente la fatiga y deben ser evitados en la medida de lo posible. Siempre que aparezca fatiga hay que descansar porque seguir forzándose no conduce a nada positivo y un descanso incluso breve, alivia mucho. Hay que evitar las jornadas largas, procurar dormir con un horario regular, organizar las ocupaciones de modo que las horas de actividad coincidan con la máxima sensación de energía, hacer descansos periódicos, hacer una siesta si fuera necesario y aceptar los límites aunque éstos puedan variar de un día para otro.
– ¿Influye el frío?
En algunas personas con EM, el frío puede empeorar síntomas como la rigidez muscular o los espasmos, aunque no existe una regla general. Es importante observar cómo afecta a cada persona en particular.
– ¿Cómo evitar tener los pies fríos?
Muchas personas con EM tienen los pies fríos a pesar del calor ambiental. Se debe a la falta de tono muscular en las piernas y a la afectación de las terminales nerviosas de los vasos de las piernas. Se alivia con calcetines de lana o doble calcetín. Cada vez se fabrican mejores fibras que permiten la evaporación del sudor sin que por ello se pierda calor.
– ¿Influye el estrés?
Aunque el estrés no es una causa directa de la enfermedad, existen evidencias de que el estrés crónico puede contribuir a un mayor riesgo de recaídas en algunas personas. Por ello, mantener una buena salud emocional es recomendable como parte del abordaje integral de la EM.
– ¿Tienen riesgos la cirugía y la anestesia?
El riesgo quirúrgico es el mismo que el de una persona que no tenga EM. Si tiene que ser intervenido habrá que hacerlo sin miedo a que empeore la EM y con el mismo tipo de anestesia que se utilizaría en el caso de no tener la enfermedad. En el caso de tener problemas respiratorios como consecuencia de la enfermedad, el anestesista tomará las mismas precauciones que en un paciente que tiene problemas respiratorios por otra causa.
– ¿Hay alguna dieta recomendada?
Actualmente no existe una dieta específica que cure o detenga la EM, pero sí se ha comprobado que una alimentación saludable, variada y equilibrada puede influir positivamente en el bienestar general, en la evolución de ciertos síntomas y en la calidad de vida de las personas con EM.
Seguir una dieta de tipo mediterráneo, rica en frutas, verduras, cereales integrales, pescado y grasas saludables, puede ayudar a controlar síntomas como la fatiga, mantener un peso adecuado y prevenir otras enfermedades.
Es aconsejable evitar los alimentos ultraprocesados, las grasas saturadas, el exceso de sal, el alcohol y el tabaco. También se debe asegurar una correcta hidratación. Si es necesario, suplementar con vitamina D y reforzar la ingesta de calcio durante los tratamientos con corticoides y en la menopausia, siempre bajo control médico.
Las dietas muy restrictivas o que prometen curas milagrosas no están respaldadas por la evidencia científica y pueden ser perjudiciales si no se hacen con supervisión profesional.
– ¿Es conveniente el ejercicio físico?
Sí. El ejercicio físico es muy recomendable para las personas con EM, siempre que se adapte a las capacidades y situación de cada persona. Tanto el ejercicio aeróbico (como caminar o nadar), como el de fuerza muscular (con pesas, bandas o el propio peso) han demostrado beneficios importantes en la movilidad, el equilibrio, la fatiga, el estado de ánimo y la calidad de vida.
Se aconseja evitar esfuerzos extenuantes y hacer ejercicio en ambientes frescos. Lo ideal es establecer una rutina regular, con descansos cuando sea necesario, y siempre que sea posible, contar con la orientación de un fisioterapeuta especializado.
– ¿Influyen el alcohol o el tabaco?
El alcohol, incluso en pequeñas cantidades, puede aumentar la inestabilidad, la fatiga y la descoordinación en personas con EM. Además, puede interferir con ciertos tratamientos y agravar efectos secundarios de algunos fármacos. Siempre debe consultarse con el especialista.
El tabaco sí tiene efectos negativos en la evolución de la EM. Se ha demostrado que puede acelerar la progresión de la enfermedad y reducir la eficacia de algunos tratamientos. Se recomienda dejar de fumar lo antes posible como parte del manejo integral.

